Se escucharon unos pasos apresurados afuera de la puerta. Al instante, alguien tocó la puerta con fuerza.
—Jefe.
Andrés le echó un ligero vistazo al sonido y luego posó su mirada en los ojos rojos e hinchados de Luna. Las lágrimas de la chica se deslizaban poco a poco por sus mejillas, humedeciéndola. El hombre le secó las lágrimas con ternura y le dijo suavemente:
—Tengo que atender un asunto urgente y pronto volveré.
Dicho esto, se levantó apresurada y se fue. Al ver su silueta, Luna le arrojó