El auto arrancó, y Shirley se sentía más nerviosa con cada segundo que pasaba. Apenas se había sentado en el coche, cuando sintió una especie de presión invisible que le dificultaba respirar, haciendo que no pudiera decir ni una palabra. Bajó la cabeza, tratando de calmarse, sintiendo un miedo que la hizo dudar de si seguía siendo empleada del Grupo Prosperidad.
Recordó cómo le había puesto los ojos en blanco a Álvaro esa mañana, y no pudo evitar pensar que nadie en el mundo era más rencoroso qu