Lo envió y esperó, pero nuevamente su mensaje se perdió en el silencio. Shirley, ya frustrada, se fue a bañar y luego se acostó, con el teléfono en la mano. Cuando lo desbloqueó después de un rato, vio que no había ninguna respuesta. Eso la hizo sentir aún peor.
—No puedo creerlo, ¿es mucho pedir un poco de atención?
—Bah, mejor me duermo.
Esa noche, Shirley no podía pegar ojo. Se daba vueltas en la cama, cerraba los ojos, los volvía a abrir y revisaba su teléfono cada tanto. Estaba tan obsesion