Era muy impulsivo y tenía que hacer realmente todo lo que se le pasaba por la cabeza. Llevó a Luna al garaje y la sentó en el asiento del conductor. Andrés le abrochó el cinturón de seguridad y le dijo con firmeza:
—Esta vez no seré duro contigo. Vamos a comenzar saliendo del estacionamiento con la marcha atrás, recuerda muy bien lo que te enseñé la última vez.
—Hace muchísimo tiempo, ya no... ya no me acuerdo. Luna apretaba el volante algo nerviosa.
—Por favor... —Su voz se detuvo de repente.