A Luna le llevó unos cuantos minutos calmarse. Cuando todo estaba listo, Andrés le cambió el camisón empapado y la llevó directo abajo a cenar. La herida de la cara de Asterio había mejorado considerablemente y ya se le había formado una costra. Sentado en su silla, agitaba una cucharita azul de un lado para otro.
Al ver a los enamorados bajar tiernamente las escaleras, los sirvientes sonrieron con timidez a escondidas. Andrés la llevó en brazos hasta el asiento de su lado y los sirvientes le p