Al verla en este lamentable estado, Andrés nunca había sentido tanta irritación en su ánimo.
—Luna... te lo dije, esto es solo el comienzo. Si no fuera por tu supuesta compasión y las ganas de meter tus narices donde no te llaman, tal vez nada de esto habría sucedido. Si no puedes cambiarlo, ¿por qué no aceptarlo? —Él jugueteaba con su largo cabello.
—¡No es aceptable en absoluto! ¡No me toques! —Luna gritó histéricamente.
En ese momento, Leonardo golpeó con fuerza la puerta.
—Oigan, pelear no a