Subestimó la crueldad de Andrés. Incluso suplicando desesperadamente, él no la perdonó.
Luna fue obligada a ponerse esas prendas íntimas, una tras otra. Su rostro no mostraba ninguna expresión mientras se sentaba en su regazo. Era el último conjunto.
La capa más delgada debajo ya estaba totalmente empapada.
Andrés le mostró ese líquido transparente, frotándolo sobre su pecho blanco como la nieve.
—¿Lo quieras? Pídeme y te lo daré.
Este era su trato, incluso sin este trato, Luna sabía que no podr