Pasaron aproximadamente treinta segundos y Gabriel recibió la llamada en su habitación, que no estaba iluminada.
La voz nítida y clara de la muchacha resonó por el teléfono:
—¿Ya llegaste a casa?
—¡Sí!
Hubo un breve silencio en la línea, sin saber qué decir. Luna preguntó:
—Pregunté a Adolfo, y me dijo que recientemente has estado tomando las medicinas según las indicaciones. ¿Te sientes mejor?
—Sí.
—Si te sientes mal, recuerda ir al hospital.
—De acuerdo.
Adolfo se acercó con los medicamentos y