—Ya no eres una niña, no debes depender de mi consolación ni cuidado todo el tiempo. Esta es la última vez, Isabel —dijo Andrés.
Isabel enterró su rostro en su pecho, y las lágrimas mojaban su camisa. Su voz entrecortada revelaba su profunda tristeza, diciendo:
—Hemos pasado tantos años juntos, y nunca nos hemos separado desde que era pequeña. Me dijiste que nunca me abandonarías, Andrés… por favor… No te enamores de otra persona… ¿Qué haré si me dejas?
Andrés e Isabel crecieron juntos en el orf