El aire de la villa tenía un sabor áspero—ozono y limpiador de vidrios. Las fosas nasales de Tracy se dilataron cuando las puertas se cerraron tras ellas, y la temperatura bajó lo que le pareció diez grados. El mármol bajo sus pies estaba tan pulido que le devolvía su reflejo hecho pedazos—la cara fragmentada, la expresión fragmentada, todo fragmentado.
Se arrancó las gafas de sol. Los ojos le lagrimeaban por el brillo repentino. La mesa consola era demasiado brillante. Todo era demasiado brill