Tracy Donovan permaneció frente al espejo más allá del amanecer, observando cómo el corrector se asentaba en los pliegues bajo sus ojos. La villa había quedado en silencio hacía tres horas. Desde dos habitaciones más allá llegaba el zumbido constante del refrigerador. El grifo del baño de invitados había vuelto a gotear —tic, tic, tic— y ya ni siquiera le importaba lo suficiente como para llamar a mantenimiento.
Su rostro se parecía al de su madre a los cincuenta. Esa misma tirantez alrededor d