Vincent permanecía junto a la ventana, mirando la ciudad, una mano en el bolsillo y la otra sosteniendo una copa de brandy. Su mente tenía mil pensamientos.
Como diamantes, el skyline de Beverly Hills se extendía más allá del cristal; la brisa nocturna movía las cortinas con suavidad. Temía por su seguridad; no podía apartar esa sensación nauseabunda de que Grim Voss la volvería a encontrar.
Al fondo, los dedos de Carlos tecleaban rápido; su rostro de cincuenta y cinco años era un mapa azul ilu