Londres, siete años atrás.
Londres tenía una forma particular de devorar el sonido por las noches. La niebla se movía como un ser vivo por las calles estrechas, enroscándose alrededor de los capós de los coches que pasaban y disolviéndose bajo el resplandor amarillo de las farolas. En Mayfair, donde el dinero viajaba en sombras y el poder viajaba en silencio, Sebastián Moretti se mantenía junto a la ventana alta de su oficina temporal, observando cómo la ciudad mojada parpadeaba ante él.
Ya cas