El brillante sol anaranjado de la tarde colgaba en el horizonte como una viuda esperando que su hijo volviera a casa, temerosa de que cayera en las fauces del mundo bajo las densas nubes doradas y lechosas. Para Marcus Lee era un ajuste de cuentas, un día en el que tenía todo lo necesario para despojar a uno de los nombres más grandes de América.
Su traje era un poco demasiado extravagante, pero debía serlo, en una tarde como aquella.
—Por aquí, señor —le indicó el primer guardia que encontró e