HACE CINCO AÑOS
Los grandes salones de Plaza Planet Hotels brillaban como una catedral de riqueza. Candelabros de cristal goteaban luz, esparciendo diamantes por el suelo de mármol pulido. Las risas se elevaban entre columnas doradas, las copas de champán chocaban en un ritmo interminable, y el aire mismo parecía impregnado del perfume de rosas, cigarros y dinero.
Era una boda, y la alegría—al menos para los invitados—flotaba pesada en el aire. Para ellos, era música, celebración, el amanecer d