HACE 16 AÑOS
La iglesia católica de Santa Ana siempre había sido un faro de caridad. Cada año, las donaciones llegaban de los fieles, una fracción de las cuales se destinaba al orfanato bajo su cuidado. Pero ese año—el año en que el padre Andrew sirvió como capellán—algo cambió. Las donaciones aumentaron, sí, pero también lo hizo el número de niños que pasaban por las puertas del Hogar de Santa Ana.
Accidentes, incendios, tragedias sin fin. Algunos habían sido abandonados en esquinas de calles