Aquella frase lo golpeó como un martillo, y aunque intentó ocultarlo, su sorpresa fue evidente.
—¿Te has vuelto completamente loca? —espetó al cabo de un momento, con incredulidad y desprecio.
—No estoy loca, Mathy —Su voz era casi un susurro, una caricia envenenada—. Si quieres salvar a la pobre madre de tus queridos y adorables hijos, y mantener tu empresa intacta, sabes lo que tienes que hacer. Es lo justo.
Mathias soltó una risa amarga, seca, que llenó el silencio de la habitación como el e