Cuando Sofie llegó a la mansión, lo hizo con una opresiva carga en su pecho. A pesar de las buenas noticias de su tratamiento, no podía evitar sentir que su mente era un campo de batalla.
En cuanto cruzó el umbral de la puerta principal, buscó a Mathias con la mirada, consciente de que a esa hora ya debería de haber llegado a casa.
—Sofie… —la saludó Lukas, con un leve asentimiento de cabeza, mientras se encaminaba hacia su estudio.
—Lukas, espera —lo detuvo, y él se giró hacia ella con las cej