El ronroneo constante del motor rompía el tenso silencio que se había apoderado del interior del coche de regreso a la mansión; la atmósfera estaba cargada de pensamientos y emociones reprimidas.
Lukas observaba el paisaje a través de la ventanilla, sin ver nada, con la mandíbula apretada y las manos cerradas en puños sobre sus muslos, como si el simple acto de mantenerlas allí evitara que explotara.
Por su parte, Mathias sujetaba el volante con tanta fuerza que sus nudillos estaban blancos, mi