Sofie inspiró profundo e intentó escabullirse por entre las mesas y perderse de vista entre la multitud. Sin embargo, Erik se adelantó con una sorprendente rapidez para alguien bajo los efectos del alcohol, y, sin mediar palabra, la tomó del brazo y la obligó a voltearse, acercándose tanto que el acre hedor del alcohol mezclado con su loción barata le revolvió el estómago. Los ojos de Sofie, abiertos de par en par, reflejaban el asombro: Erik, su exprometido, se encontraba allí, frente a ella,