MILENA
Me quedé esperando a que mi abuela empezara a hablar, deseando que respondiera a las preguntas que retumbaban en mi cabeza: ¿quiénes son mis verdaderos padres? ¿Siempre tuve este problema de memoria? ¿Cómo me conoció realmente? Tomó mi mano con delicadeza y soltó un suspiro.
—Hija, no sé para qué quieres saber esto —dijo con voz cansada—, pero está bien, te diré cómo te encontré y cómo llegué a conocerte.
Sentí un escalofrío recorrerme. Tenía miedo, pero la necesidad de saber era más fue