El teléfono suena justo cuando estoy terminando de doblar una de las pocas prendas que dejé aquí cuando me fui.
Me quedo mirando la pantalla unos segundos.
Número desconocido.
Pero sé quién es.
Respondo.
—¿Sí?
—Señora Yilmaz, le habla el licenciado Ferrer.
Cierro los ojos un instante, preparándome.
—Dígame.
—Le informo que el señor Dimitri Yilmaz ya ha sido notificado, al igual que su representante legal. El proceso ha sido admitido y, aunque habrá ciertos tiempos que respetar por su estado, la