El silencio de la habitación comenzaba a volverse insoportable.
Me removí entre las sábanas por quinta vez consecutiva, pero era inútil. Cada vez que cerraba los ojos, volvía a ver el rostro de Dimitri mirándome aquella tarde.
Esa mezcla de dolor y desesperación en sus ojos casi había destruido mi determinación.
Casi.
Suspiré incorporándome lentamente de la cama mientras llevaba una mano a mi vientre.
—Esto no debería ser tan difícil... —murmuré con la voz quebrada.
Me levanté y fui directo a l