Al acabar de hornear el pastel, lo decoraron a gusto de Alma, lo dejaron reposar y listo para servir luego del almuerzo. Almuerzo que habría sido incómodo, de no haber sido por Miriam y Osvaldo, que hablaban para mantener más ameno todo; Rebeca dejaba de lado que él estaba ahí y hablaba con el resto de la mesa. Posteriormente al almuerzo, decidieron comer el pastel en el jardín. Rebeca y Alma se fueron a cambiar y regresaron abajo con su vestido de baño puesto.
—Alma, este pastel ha quedado muy