Rebeca estuvo en el ojo del huracán junto a ellos dos; no había podido salir de su casa porque los reporteros la seguían a todas partes queriendo escuchar lo que ella pensaba de todo esto.
—No es necesario.
—Rebeca, por favor…— Fabio le imploró.
—Te juro que no volveré a dañar otro evento donativo; por favor, déjame darte una ayuda en esto. Así podré estar un poco en paz.
La comida llegó y, aunque ninguno tenía apetito, aun así procedieron a comer. Marcus explicaba que tenía el lugar y algunos