POV Mara
El trayecto en brazos por el pasillo es un borrón de sombras, tela cara y pura adrenalina.
Elías camina con una seguridad aplastante, sosteniéndome por los muslos con unos brazos que parecen vigas de acero. Yo me aferro a sus hombros con una mano, mientras con la otra protejo la nuca de Leo, que sigue durmiendo ajeno al nivel de inflamabilidad que hay ahora mismo en el aire.
Llegamos al dormitorio principal. La habitación está sumida en la penumbra violácea del atardecer.
Elías me baja