POV MaraTengo hambre. Pero no es un hambre normal, de las que se te pasan con un vaso de agua. Es un hambre antigua, rabiosa, que me rasca las paredes del estómago. Son las tres de la mañana.Salgo de la habitación intentando no hacer ruido, pero en esta casa el silencio es tan denso que hasta el roce de mis pies descalzos suena como una lija. El pasillo parece la pista de aterrizaje de una nave espacial: luces led indirectas en el suelo, paredes grises, aire frío. Hace un frío de morirse. Elías debe tener el termostato puesto en "Morgue".Llevo tres días aquí y todavía no sé encender la televisión. Tienes que usar una tablet para subir las persianas. Todo es táctil, todo es listo, todo es caro. Me siento como un simio en un laboratorio.Llego a la cocina. Es una isla de mármol negro inmensa, vacía. Ni un frutero, ni una cafetera, ni un trapo sucio. Nada que indique que aquí vive gente. Abro la nevera. Es de esas de dos puertas, gigantescas, que hacen un suspiro hermético al abrirse.
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