POV Elías
He conducido desde el Paseo de la Castellana hasta mi edificio saltándome, como mínimo, dos semáforos en ámbar oscuro y un límite de velocidad que probablemente me cueste un par de puntos del carnet.
No me importa. Mi cerebro dejó de procesar el código de circulación en el mismo instante en que Mara, al otro lado del teléfono, con esa voz suave y letal, me confirmó que llevaba puesta mi camisa.
Aparco el Porsche en el garaje subterráneo con un frenazo que hace chirriar los neumáticos