POV Elías
El aire de la habitación pesa. Huele a sexo, a almendras dulces y a la electricidad estática que queda después de una tormenta eléctrica.
Mara sigue recostada contra las almohadas, con mi camisa blanca abierta, el pecho subiendo y bajando mientras recupera el aliento. Tiene los ojos cerrados y una sonrisa perezosa, satisfecha, dibujada en los labios. Se ve tan etérea, tan jodidamente preciosa en su desorden, que casi se me olvida el dolor físico que tengo en la entrepierna.
Casi.
Me s