POV Mara
La madrugada tiene una textura arenosa. Se te mete en los ojos, en la garganta y en la paciencia.
Son las tres y media. Leo lleva una hora en un bucle de llanto suave, ese quejido persistente que no es dolor agudo, sino una especie de protesta existencial contra el hecho de estar despierto. Y yo lo entiendo. Yo también quiero protestar.
Estoy sentada en la butaca de lactancia del salón (una pieza de diseño escandinavo que Elías compró porque la ergonomía era "superior", aunque yo echo