Carlos le echó una última mirada a Alvaro antes de marcharse, dejando a Delicia y Alvaro solos. Alvaro logró contener su temperamento explosivo y no detuvo a Carlos, consciente de que Delicia ya no era alguien a quien pudiera controlar a su antojo. Temía que si se enfrentaba a Carlos, Delicia, astuta como un zorro, podría causar aún más problemas. Recordó el dramático incidente que habían tenido en la puerta del hospital ese día, lo que lo hizo sentir una intensa agitación en su pecho.
—¿Me está