En Palacio Jazmines, todo estaba listo para su regreso. Delicia comía en silencio en la mesa, aún sin decir una palabra desde que Alvaro defendió una vez más a Antonia en el coche. Su rostro reflejaba calma, pero esa tranquilidad ponía a Alvaro como si estuviera en medio de una tormenta.
—Delicia. —finalmente rompió el silencio, incapaz de soportar más la calma.
—¿Qué pasa?
—Sé que la gente de la casa antigua no fue muy amable contigo, pero eso ya pasó, ¿verdad?
—¿Me estás diciendo que lo deje