Delicia entró en la casa para encontrarse con el personal ocupado y nervioso. Al parecer, la llegada de Néstor había agitado el ambiente usualmente tranquilo de la casa.
Néstor, sentado en el sofá y disfrutando de su café, estaba dando instrucciones:
—Cambia todas las cortinas mañana, y los adornos de la fachada exterior también. Contacta a un pintor muralista, y eso otro...
—¡Néstor!
La voz de Delicia interrumpió la serie de órdenes.
Al oírla, los empleados parecieron aliviados. Delicia era co