Punto de vista de Bill
—Voy contigo —dijo Serena con una voz firme que no dejaba espacio para discusiones.
La miré a los ojos y supe de inmediato que no podría hacerla cambiar de opinión. Pero igual lo intenté.
—Serena, podría ser peligroso. No sabes en qué nos estamos metiendo.
Ella negó con la cabeza, sin apartar la mirada.
—Bill, ese es mi hijo. No me voy a quedar sentada esperando a que tú lo traigas de vuelta. Necesito verlo. Necesito saber que está bien.
Sentí el peso de sus palabras y la