Punto de vista de Bill
—No sé de qué estás hablando —escupió Enrique, su voz aguda y defensiva. Sus ojos recorrían la habitación como los de un animal acorralado, su rostro pálido delatando el miedo que intentaba ocultar.
—No me mientas —dije, manteniendo la voz baja aunque sentía la furia hirviendo bajo la superficie—. Sabes perfectamente quién soy y por qué estoy acá. He buscado a mi hijo por todas partes. No me iré hasta que me digas dónde está.
Enrique entrecerró los ojos y soltó una risa h