Capítulo Ciento Trece

Punto de vista de Nadia

La reacción no llegó a gritos.

Se filtró lentamente.

Eso fue lo primero que noté al despertar a la mañana siguiente: lo silencioso que se sentía el mundo, como si todos hubieran decidido susurrar al mismo tiempo. Mi teléfono descansaba en la mesita de noche, con la pantalla oscura, sin zumbidos frenéticos, sin avalancha de notificaciones. Ese silencio era más inquietante que el caos. El caos era honesto. El silencio significaba cálculo.

Me quedé allí un momento, mirando el techo, escuchando el leve zumbido de la ciudad afuera. Adrian no estaba a mi lado. La otra mitad de la cama estaba fría.

Me incorporé despacio, envolviéndome en la sábana sobre los hombros, y caminé hacia la sala. Él ya estaba despierto, de pie junto a la ventana, con el teléfono pegado a la oreja, la postura rígida. No me vio de inmediato.

"Sí," dijo en voz baja. "Entiendo… No, aún no será necesario… Sigan monitoreándolo."

Terminó la llamada y se giró, suavizándose al instante al verme.

"Te
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