Capítulo Ciento Doce

Punto de vista de Nadia

El día comenzó con un silencio que se sentía pesado, casi opresivo, como si las paredes mismas estuvieran conteniendo la respiración. Me quedé en mi habitación más tiempo de lo habitual, sentada al borde de la cama, mirando el horizonte de la ciudad a través de los ventanales de suelo a techo. El sol de la mañana pintaba las calles de dorado, pero no lograba calentar el frío que se deslizaba por mi columna.

Sabía que había comenzado: las repercusiones de la traición de D
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