Capítulo Ciento Cinco

Punto de vista de Nadia

El cambio nunca se anunciaba cuando más importaba. Se colaba de lado, disfrazado de rutina, enmascarado por familiaridad. Para cuando lo notabas, el suelo bajo tus pies ya había cambiado.

Los días después de mi desafío silencioso se sentían más pesados —no más ruidosos, no más afilados, solo más densos. Como si el aire mismo se hubiera espesado con cosas no dichas. La gente se movía con cuidado unos alrededor de otros ahora, midiendo palabras, deteniéndose antes de decisiones que antes venían con facilidad. Me había convertido en un punto de referencia sin intentarlo. Un eje silencioso alrededor del cual todo giraba.

Odiaba esa parte.

No la influencia —había hecho las paces con eso—, sino la forma en que distorsionaba las relaciones. Cómo la gente empezó a acercarse a mí no como Nadia, sino como Significado. Como Consecuencia.

Esa mañana me desperté antes del sol, la ciudad aún medio dormida. Adrian ya se había ido, una nota dejada en la encimera con su letra p
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