La primavera se había instalado en el faro con su promesa de renovación. Mariana pasaba sus días entre el libro de Martín Chestifer y sus propias memorias, tejiendo la historia completa de su linaje. Elías la ayudaba con la investigación, y juntos habían descubierto que el faro no solo era un punto de encuentro entre el mar y la tierra, sino también un lugar de paso para almas perdidas.
Fue una noche de abril, cuando el viento soplaba suave y la luna llena iluminaba el Atlántico como un espejo