El faro había sido testigo de tormentas y calmas, de pérdidas y reencuentros, de amores prohibidos y promesas cumplidas. Pero nunca, en sus cien años de historia, había sido escenario de un evento tan grandioso como el que estaba a punto de celebrarse.
La familia Chestifer Dávila, ahora una de las más influyentes de la costa, había decidido organizar un baile de gala en honor al centenario del faro y a la memoria de Mariana Dávila. Pero no sería un baile cualquiera. Sería un evento que uniría a