El descubrimiento del mapa cambió todo. Mariana pasó días y noches estudiándolo, comparándolo con los viejos registros del faro, con las cartas de su bisabuela y con los diarios de Martín Chestifer. Poco a poco, fue comprendiendo lo que el primer farero había querido proteger.
El mapa señalaba un punto en el mar, a unos diez kilómetros al norte del faro, donde las corrientes se encontraban y las aguas se volvían más profundas. Allí, según las anotaciones del diario, descansaba algo que no debía