Salieron de la comisaria como quien sale de una explosión: aturdidos, ensordecidos, con los oídos llenos de un silencio que no cesaba.
Clarissa caminó delante, con las manos en los bolsillos, la mirada fija en el horizonte gris. Lily detrás, con los ojos hinchados, los labios apretados, caminando como un autómata. Mateo las esperaba junto al coche, sin saber aún lo que había ocurrido dentro. Pero algo en el rostro de las dos le dijo que el mundo, apenas unas horas antes ya inestable, se había