El coche que subía por la carretera de la costa no era un desconocido.
Mateo lo reconoció antes de que aparcara: el Mercedes blindado color marfil, las lunas tintadas, la matrícula con las iniciales de la familia Chestifer. Bruno había vuelto. Pero no venía solo.
—Es Lily —dijo Mateo, y su voz se quebró de un modo que Clarissa no le había oído antes.
—¿Lily? —preguntó Selene, tecleando sin dejar de mirar la pantalla.
—Mi hermana. La pequeña. La que mamá se llevó a Suiza después de lo de Tom