Capítulo 113

El contrato quedó sobre la mesa como un animal dormido. Nadie lo firmó esa noche. Nadie lo rompió. Quedó ahí, entre las tazas de café vacías y las colillas de los cigarrillos de Bruno, como una promesa que aún no se atrevía a ser palabra.

Lily se quedó.

Bruno se fue cuando el reloj marcó las dos de la madrugada, mascullando amenazas que nadie escuchó. Su Mercedes bajó por la carretera de la costa llevándose consigo el último residuo de la vieja guardia, el último eco de las guerras que habían
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