Selene tomó la biblioteca principal. Desplazó los libros de leyes y las primeras ediciones de Hemingway para instalar su mesa de campaña: tres ordenadores portátiles, un monitor externo, dos teléfonos satelitales y una impresora láser que llevaba el ruido de una ametralladora. Steve se instaló en la despensa contigua, la que tenía una ventana que daba al jardín trasero y a la única carretera de acceso. Desde allí podía ver quién llegaba antes de que llegaran.
Clarissa y Mateo bajaron al sótano