La sala de reuniones estaba cargada de murmullos y tensión apenas contenida. Rolando se sentó con una seguridad fingida, pero su sonrisa era real. Sabía que estaba ganando terreno, y el retraso de Demian era la excusa perfecta.
—Esto es un cuento de nunca acabar —dijo, acomodándose el saco mientras paseaba la mirada por los asistentes—. Demian no se toma en serio su puesto. Media hora de retraso no es solo una falta de respeto, es una burla para esta empresa.
Un murmullo de aprobación se levant