La mañana era más sombría de lo habitual. Las nubes pesadas cubrían el cielo como si compartieran el luto con los que lloraban. El viento soplaba con fuerza, barriendo las hojas secas del jardín y revolviéndolas con un silbido inquietante, casi como un lamento del más allá. Afuera de la mansión, se habían acumulado ramos de flores, velas encendidas y carteles con fotografías de Claudia. Sus fans lloraban desconsoladamente, dejando mensajes de amor, perdón y rabia en pequeños papeles pegados a l