Hacía algo de frío. Mariam iba con el pequeño en el coche, saliendo por el portón de la mansión. Iban a una cita médica de rutina. El conductor detuvo el auto de golpe, lo que asustó a Mariam.
—¿Qué sucede? —preguntó alarmada.
—Mi señora, hay algo en la entrada... y es mejor que no salga —dijo el chofer, mirando hacia el frente con el rostro pálido.
Gabriel, que iba en el asiento delantero, se tensó.
—Llamaré a la policía —agregó el chofer, con evidente nerviosismo.
Mariam no esperó más. Bajó d