La cena estaba servida, pero Mariam apenas podía probar bocado. El silencio llenaba la habitación como una neblina espesa. Estaba sola en el comedor, removiendo la comida con el tenedor, tratando de no pensar en el video, en los comentarios crueles que había leído, en Claudia abrazando a su esposo frente a todo el mundo.
La puerta se abrió de pronto, y el sonido de los pasos firmes de Demian rompió la calma tensa. Mariam levantó la vista y lo vio entrar, más guapo que nunca, con el rostro serio