La galería de arte estaba llena de murmullos suaves, pasos que apenas hacían ruido y luces cálidas que iluminaban cada lienzo con devoción. Demian caminaba tranquilo, las manos en los bolsillos, dejando que Sofía guiara el momento.
Ella se movía con la emoción de una niña en una tienda de dulces, contemplando los trazos, los colores, las texturas. Estaban exhibiendo la obra de una artista japonesa que Sofía admiraba desde la universidad, y su rostro reflejaba pura alegría.
Demian la observaba e